¿Qué seríamos sin el Sacramento de la Penitencia?

Probablemente nos volveríamos locos.

Nosotros nos volveríamos locos por el peso de nuestros pecados. El dolor de nuestra fragilidad sería como una espada incrustada en el corazón.

Tendríamos miedo a la muerte y miedo a vivir. Nada valdría la pena. Sería insoportable imaginar que ofendemos, sin retorno, al autor de la vida. Que lastimáramos al que nos amó hasta el final, hasta la muerte de cruz, y que no tendríamos forma de reanudar la amistad perdida.

Estaríamos fuera de la Iglesia, fuera de la comunión, fuera del paraíso. No pudimos mirar a los santos. La imagen especular en sí misma dañaría nuestra alma.

Caminamos encorvados. Sería imposible mirar al cielo. Y el pecado, como un veneno sin antídoto, nos llevaría a la muerte.